La Mesa Redonda Nicaragua

Barricadas en Matagalpa

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LA MESA REDONDA CON SERGIO MARIN CORNAVACA·MARTES, 15 DE MAYO DE 2018
Por Sergio Simpson
La zona sur de ciudad Matagalpa, el cerro La Virgen, es territorio ocupado por jóvenes del Movimiento 19 de abril, y pobladores los respaldan abasteciéndolos, igual cuando la lucha urbana contra Somoza; quienes los orientan en tácticas de defensa son adultos experimentados que vivieron la insurrección contra la otra dictadura o son exmilitares sandinistas.
Ahí están las históricas y emblemáticas barricadas con adoquines y otros objetos, y el tóxico humo de las llantas quemadas, otro símbolo de rebeldía que no ha sido erradicado, pues el fuego inspira a la batalla, como en los años setenta, por eso no falta el Molotov, arma incendiaria casera para defenderse de las tropas con armas de guerra y gases letales oficiales. En los cerros, francotiradores del ejército y la policía esperan la orden para iniciar la cacería.
En el recorrido vi chavalos y chavalas estudiantes, trabajadores y obreros de los barrios, o desempleados, con máscaras o pañuelos y trapos ocultando sus rostros. Empuñan morteros, cargan piedras, enarbolan huleras. Bien agitados, dispuestos a mantener sus posiciones, arriesgando la vida, tal a como lo hicieron la noche del viernes 11 de mayo enfrentando la ofensiva de policías y grupos de jóvenes progobierno que les dispararon, en el puente de la salida a Managua, al oeste.
Chavalos y chavalas estudiantes que iniciaron las protestas cívicas, en el centro de la ciudad, primero denunciando la respuesta ineficiente de la gobierna en la preservación de recursos naturales, cuando el incendio en la reserva biológica Indio Maíz en la costa Caribe, y después por las reformas al seguro social.
Los plantones cívicos sin líder político o partidario. Chavalos y chavalas, entre 15 y 20 años, se autoconvocaron por medio de las redes sociales o en persona a mediados de abril, en este pueblo pequeño y rebelde. Pasaron al nivel superior de protesta por las amenazas y ataques verbales de simpatizantes del matrimonio presidencial y directivos del FSLN, quienes se habían creído los dueños de las calles y conciencias.
Además, la matanza de unos 15 universitarios en Managua y otros lugares del país, el 19 de abril, indignó más a los inconformes. Vi rostros pensativos, solidarios, tristes, pero también arrechos, por la muerte de jóvenes que podrían haber sido uno de ellos o sus amigos. Cienes de presos políticos y heridos, adjudicados a las tropas gubernamentales, aumentó la fortaleza de las protestas, como en todo el país, aun cuando el 22 de abril el presidente Ortega derogó el decreto lesivo a la seguridad social.
Se enardecieron más los ánimos cuando el alcalde municipal, Sarach Zeledón es filmado, el viernes 11 por la noche, con grupos paramilitares que posteriormente, de una voz no identificada, reciben la orden de disparar los morteros contra los protestantes atrincherados y no hacerlo al aire. Esa misma noche fue el enfrentamiento.
Chavalos y chavalos garantizan el orden en su territorio. En la periferia de las barricadas, el Mercado Sur y la estación de buses no han sufrido daños. Ellos han declarado enfáticamente: ¡No somos delincuentes… somos estudiantes!
Sin embargo, el Movimiento 19 de abril, no puede responder por las acciones fuera de su dominio, y algunos jóvenes que bajaron de los cerros al oeste, donde viven empobrecidos, la noche del domingo en la carretera que viene de Managua hacia Jinotega, cobran dinero a los automovilistas que transitan.
La gobierna partido y sus seguidores han recurrido a técnicas de desinformación, igual quienes exigen que se vayan, en este turbulento mundo cibernético donde se refleja la vivencia y el pensamiento. Incertidumbre, cólera, ofensas, defensas y ataques, oraciones y clamores se suman al terreno de la lucha.
Motivaciones diversas contra la gobierna. Como los chavalos del cerro El Tambor, a quienes le pregunté por qué estaban en la protesta, y respondieron: Este gobierno hijueputa no nos deja en paz ni para fumar marihuana, pasándose el churro, iluminados por el fuego de la fogata. Recordé a aquellos que fumados enfrentaron a la guardia somocista, proclamándose sandinistas.
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